GRUPOEMA

En la tradición marinera, los eventos de una jornada de navegación se reflejan en un bien llamado: "Libro de Bitácora". Los que navegamos por variados mares, en pos de la misteriosa y esquiva belleza, queremos recoger aquí los frutos de nuestras sinceras improvisaciones y empeñados ensayos creativos, para compartirlos libremente con aquellos que sientan un afín impulso de comunicación. A este recoleto mesón, de insomnes veladas y libre intimidad, sed convidados y bienvenidos.

Nombre: GERARDO FONTANES
Ubicación: Bilbao, Bizkaia, Spain

Mi blog pretende recoger, reunidad, las obras de pintura, cuyas imagenes he conservado, de una u otra forma, de exposiciones, y almacen de taller.

28.10.06

LA CARTA (Rap de Alvaritoelpele - 28.10.06)

Hace tiempo q escribí esta carta,
Pero aun no he recibido respuesta…


Dios, hoy te escribo para ver si lo haces bien contigo mismo,
Para que hagas un examen de conciencia,
y ver si la ciencia,
te descubre de la nada.

Hoy millones de niños se mueren de hambre
porque a ti el mundo te viene grande.

Lo hiciste en una semana y lo dejaste defectuoso, como al hombre,
porque a ti te dio la gana.

¡Guerras ¡ ¡tenemos a montones!!
porque a ti te sale de los cojones.

Sentaito en tu trono te rascas los huevos
y provocas inundaciones, sequías, terremotos;…
y dejas, a tu paso, una estela de sueños rotos

Porque, cada vez que una persona inocente muere,
a mi me duele
Pero permaneces impasible, invisible, intangible,
y das la espalda
a un niño que reza con la esperanza
de que se arregle su puta vida
Dejándose la piel en carne viva por su familia,
y pidiéndote que mitigues el sufrimiento de otros
que tienen los ojos rotos de llorar,
de arropar a sus hijos, y no tener la certeza
de que, al día siguiente, allí seguirán


Cada vez que cae una bomba es como si tiraras un gapo...
Como si a ti mismo te apostaras:
a estos yo los empapo
de sangre, sudor y lágrimas...

"Pobres ánimas sin aliento"
es lo que pienso, cuando veo el telediario,
Y, a diario, introduces tu sanguinaria esencia
en la conciencia de hombres
que de repente piensan:

"Debo matarla, así él me lo a mostrado..."

Y a tus pies se han postrado
grandes personas de letra y ciencia.
Y, por poner un ejemplo,
el Papa este,
con cara de terrorista,
te sigue el juego
te da pista...

Y luego,
pasa lo que pasa, enfrentaos con islamistas.
Porque esa es tu política de confrontación:
un círculo vicioso sin comparación.

Tú, ocioso,
juegas a mover fichas en tu gran tablero.
Total, este mundo es un mero proyecto insignificante
en tu agenda, rebosante de tortura.

Y a duras penas
vamos tirando;
aguantando
el peso de tu yugo, contaminado de maldad.
maltrato infantil y enfermedad.

Porque tú provocas un error en los genes
destrozando a quienes
existen , siendo tus marionetas...

Uno de los primeros: tu hijo Jesucristo...
¡Poco listo!

Tú le impulsaste a liarse el primer peta...
El pobre tenía alucinaciones.

Decía que eres misericordioso...
Solamente, eres odioso,
odiado y, extrañamente, venerado

Y, en tu laboratorio infernal,
experimentas, para ver cuanta sangre es capaz de derramar
una guerra mundial.

Y no satisfecho, provocaste una segunda,
que tan sólo fue una funda;
una cubierta de lo que estás preparando;
cargando el planeta de armas nucleares,
y entrenando a futuros terroristas en bases militares
y nos dotas de lo necesario
para ser buenos sicarios.

Porque, hoy en día,
en Etiopía,
y otros países pobres,
los niños no tienen balones
¡Tienen recortadas ¡
¿Así es como buscas tu esa paz siempre buscada?

Y, francamente, me lastima,
cuando infundes una baja autoestima,
sumiéndonos en tu doloroso abrazo,
de auto rechazo,
aletargando
nuestras ya ofuscadas mentes;
y marginando
al que es, y al que se siente diferente;
ya sea gordo, feo, negro, homosexual, discapacitado o demasiado inteligente...
Siempre acompañado de tu esposa: la muerte
Porque sumes a nuestro corazón
en las tinieblas más profundas e impenetrables.
Aprisionas a la razón
La desesperación desenfundas
Y nos haces sentir: culpables...

Y, cuando nuestros sentidos pierden el sentido,
y la vida también lo pierde,
algunos se rinden, porque no son fuertes.

(ESTRIBILLO)

Los que no lo aceptan, dicen que existe el diablo;
sin darse cuenta de que, solamente, es tu otro lado,
el más afianzado y oscuro.

Siempre ha existido, siempre ha estado ahí, resistente como un muro.
Porque, en torno a tu figura, deberían poner carteles de: “Se busca”
"Destructor de la paz y el amor."

¿La recompensa? : ¡No más dolor!
No más desigualdad, ni agonía,
ni enfermedad; sería lo ideal...

Claro, si se concienciaran
de que no eres más que una plaga,
una llaga,
una tragedia, ya de por sí (ya de por ti),
como para ir adorando a nuestro propio fin…



Alvaritoelpele

EL SUCESO (Rimbaud . 28.10.06)

La lluvia bañaba el alba con humedades de madrugada,
cuando resonó un rugido proveniente del propio averno,
tal si hubiera reventado la puerta del temible infierno
en el seno oculto de los montes, en los propios intestinos,
entreverados de duro carbón, de aquellos valles floridos.

Se hizo después un silencio, ordenado por los dos dedos
de piedra, en cruz sobre los labios duros entreabiertos,
de las llagas en la dura tierra y en los roquedales ariscos.
Los pájaros despertaron, piando mil gorjeos de socorro.
Las avispas acabaron de rezumbar, en su libar delicado.

En cada casa, los turnos entrantes, se calaron los gorros,
cascos y buzos; aquellos grises uniformes de su trabajo.
Arreciaron las sirenas su recitativo ulular de lamentos.
El valle cubrió de escarcha temprana, el llanto dormido.
Los pies se movieron veloces, ante el dolor presentido.

Gritos de alarma, de voces, de órdenes y largos silbidos.
¡En el pozo tres! ¡En el pozo tres, es donde ha sucedido!
¡Ha sido un desplome, en la grieta negra del brocal tercero!
¿No se sabe nada? - preguntó, con ansia, otro compañero.
¡Sí! Han salido algunos heridos, y... ¡ha muerto un minero!

Silencio en los cerros. En el valle, triste, callaban los perros.
¡Por Dios! ¿Cual sería el nombre de aquel pobre obrero?
Susurros prudentes llevaron noticias a la casa cercana;
la huerta mediana, la higuera frondosa, y aquella guadaña
con la que, otras tardes, él segaba hierba para la cabaña.

En la clara solana tendida de ropas, una mujer joven, asomaba.
¿Qué pasa? ¡¿Qué pasa?!... – preguntaba, sin saber aún nada.
A ella llegaron corriendo dos hombres: el guarda y un capataz.
Los mozos pararon, el guarda se aparta y el capataz dispara:
¡Ha sido tu Juan! ¡ Nada que hacer! ¡Ahora lo están sacando!

Golpes de hierro candente, hirieron el pecho de la mujercita.
En algunos hogares, entre temores y alivios, estaban rezando
rosarios, oraciones casi murmuradas: ¡Santa Bárbara Bendita!
En la boca de la mina, obreros y vecinos, se iban arracimando.
Con chirridos de cables, volteaban despacio las norias de acero.

Por aquella boca del maldito infierno, surgió una vagoneta -
primario féretro de óxido y hierro-, tirada por cuatro caballos.
Bajo un negro sudario de ropa desgarrada, asomaba el cuerpo.
Las almas, brotadas por el venir de la pena, fluyeron en llanto.
Una mujer, arropada de otras, venía bajando hacia el roto tajo.

Cuando llegó al cuerpo, yerto en el suelo, se arrojó a su pecho;
y como un tibio sudario de mudos lamentos, lo cubrió de besos.
Le cerró los ojos; limpiando su claro rostro del tiznado negro.
Le tomo las manos, nudosas y duras, amantes celosas y puras,
que, de tantas caricias, habían dejado cicatrices en su cintura.

Esperaron a los médicos y al Juez. Los dueños llegaron raudos,
en coches pequeños. Pálidos como la cera, con trajes oscuros,
se fueron quitando sombreros, observándolo todo, consecuentes,
temiendo a los vivos, que les volvían el rostro en mudo desprecio.
Siempre era lo mismo. En la lucha de clases, son gajes del oficio.

Cumplidos obligados trámites legales y reconocimientos,
lo depositaron en un carromato, llevado allí, ex profeso,
tirado por cuatro caballos embridados de atalajes negros.
Fueron hacia el templo – una capillita de piedra, sencilla –
en el poblado, y cerca de la casa donde vivió el muchacho.

Dieron las ocho primera horas de aquella mañana de misterio,
En los intestinos, podridos y oscuros, de la vieja montaña prieta,
duros martillos de pico de acero horadaban, resoplando miedo.
Vibraban sus metales como campanas, destruyendo el tiempo.
tocando a rebato, llevando al viento los ecos de sus lamentos.

En el valle oscuro, de rediles secos, un pastor silbaba silencios.
Sacó el ganado a pastar lejos. Esquilas de cobre tocaban a muerto.
En la capilla, fueron reuniéndose en grupos otros mineros viejos
de rostros curtidos y de alma ancha, oscurecida por sufrimientos.
Aquel día sin fecha, la parca había pagado otra visita a sus neños.

Tenaz y empeñada, aquel alma renegrida se negaba a partir.
Estuvieron velándola: parientes, amigos y compañeros todos.
Incluso, una persona ignorada le estuvo llorando, a su modo.
Fue sobre las doce cuando lo llevaron para su último viaje,
Con gritos y protestas, le dieron un injusto precario equipaje.

El casco y las bujías, las linternas que tenía, y todo su correaje.
Por respeto, dejaron que la viuda le vistiera con el traje de boda.
Le despidieron sin palabras, bajándole a cuestas por el camino,
acompañado de cabras, ovejas y tres perros del amigo cabrero,
hasta el gran almacén general, donde solían guardar los aperos.

Al siguiente día, en un rincón del camposanto, le inhumaron.
En su homenaje, entre blasfemias, rindieron los cascos al suelo;
tirando tierra a la tierra; unas cuantas flores y escupitajos al cielo
Las señoras dueñas, sacaron pañuelos, fingiendo su desconsuelo.
Los niños pequeños siguieron las bromas, tirándose de los pelos.

Más tarde, prendieron, en el altar de la Santa Patrona, algún cirio.
Y, también, dentro del pecio: aquella catedral de carbón y hierro,
sostenida por las nervaduras y cruzados de durísimos maderos,
los obreros que eran más piadosos, le hicieron modestas ofrendas.
Devotos, entregaron a su protectora, lámparas de aceites y sebos.

Luciérnagas airadas se arrastraron por yermos y tristes huertos,
cargando a la espalda mochilas, llenas de cartuchos de dinamita.
Volvieron al trabajo, como mil gusanos regresando a sus agujeros.
En algo habrían pecado; quizá hallaron demasiado placer al gozar.
Era un universal destino: Sufrir el castigo divino, bajado del cielo.

Suspendieron la fiesta del cuatro de Diciembre, en señal de duelo.
Y, hasta el nuevo año, no habría más que velos de luto, y rezos.
Los campos se revistieron de verdes apagados, antes tan tiernos.
Los niños, ajenos, volvieron a un inocente juego de picos y palas,
pugnando entre ellos, a ver quién movía más tierra de en medio.

!Bang! !Bang! !Bang! resonaron diez explosiones en su honor,
que, a falta de campanadas, hicieron explotar los barreneros;
acallando risas de niños; suspiros de viudas; llantos y credos.
Las mujeres, abrazadas entre ellas, cuchicheaban desoladas
y, presas de febriles delirios, presagiaban los peores agüeros.

Se puso la tarde, roja de tanta vergüenza, tras los picos rocosos.
¡Se acabó el carbón! Finalizó, de aquel drama del teatro de pobres,
el acto primero. Luego, se dejó caer un telón de niebla y luceros.
El cruel dragón solar, embebido en la noche, huyó por el horizonte,
devorando ilusiones, anhelos y esperas; entre suspiros de fuego.


Rimbaud

TAN SOLO (Potro Viejo - 28.10.06)

Esas noches insomnes,
cuando me despierto
tendido en mi cama,
los ojos abiertos...

La mente ocupada
en vanos recuerdos,
el lecho vacío,
el aire tan denso...

Recorro mi estancia
con ojos inquietos,
buscando una sombra
que ocupe tu puesto...

Y no encuentro nada,
tan solo, silencio,
me encuentro tan solo…
me encuentro tan muerto…


PotroViejo

PARA MI HIJO ( Mae - 20.09.06)



Cuantas veces he soñado con sentir tú abrazo... ¡Cómo me gustaría sentir el amor que me tienes, y que me demostraras tú cariño!...

¡Ay!

Hijo... Cómo te puedo explicar el amor que siento por tí. Si, supieras lo mucho que hemos sufrido cuando, a las horas de nacer, te morías. ¡Cuantos desvelos llegué a tener, con qué dedicación te tenía que cuidar siempre! Teníamos que estar pendientes de ti, tú abuela y yo. Cuando, rendida, me acostaba, mi sueño era fuerte y siempre sentía miedo de no escucharte. Tenía que darte tú biberón.

Efectivamente, muchas veces no te escuchaba; pero tú padre sí te sentía... Me despertaba dándome puñetazos en los brazos. Yo no me enteraba de eso...
Si que me dolían los brazos, sin saber por qué era; hasta que un día tu abuela vio y observó. Fue una y otra vez cuando no te sentía, y me despertaba así. Es por esto que ella, antes de que tú te movieras, ya preparaba el biberón y me despertaba.

¡Ay!

Hijo tú eras para mí como el sol que sale cada día y nos calienta... No sabes cuantos besos y caricias te quería dar entonces, pero los médicos nos decían que tuviéramos mucho cuidado, para que no te volviera a repetir. Pero no te faltaron ni besos, ni abrazos, ni caricias.

No podíamos jugar contigo, pero tenías todo nuestro amor con caricias, en silencio.

Cuantas lágrimas he derramado por ti; cuantos desvelos pasé hasta verte criado; cuantos sustos me has dado y accidentes has tenido... Y he estado siempre a tu lado, hasta que te has hecho un hombre.

Y, después de pasar todo esto - y no es un reproche, - tú no tienes la culpa de nada -; y ahora tener que ver cómo ha ido sembrando día a día tanto odio y rencor hacia mí; y que ni un vaso de agua me quieras dar...

Cómo me gustaría que pronto me demostraras lo que sientes por mí; como este día me ha demostrado tu hermano, cuando me ha dado abrazos y besos. ¡Qué gran emoción he sentido! Y yo os pueda dar todo el amor que tengo escondido dentro de mi corazón para vosotros dos; así me podré sentir la mujer más feliz de la tierra...

Podré demostraros todo mi amor retenido, que es para vosotros dos, que sois sangre de mi sangre, y lo más querido que una mujer puede tener, que es el amor de sus hijos y el único motivo que tengo para seguir luchando en esta vida.

Quiero que no sea tarde cuando me lo quiera dar, y así que pueda sentir el mismo amor que siento por él; y mi corazón pueda gritar a los cuatro vientos el gran amor de mis hijos. Con eso me siento completa.

Y te doy gracias, Dios mío, por haber podido darles todo mi amor y cariño a mis dos hijos. Solo necesitaba que ellos se dieran cuenta...

Ahora que ya son dos hombres hechos y derechos, ¿para qué pedir más?...



20-9-06 m.a.