PROMESAS ( Rimbaud 4.11.06)
Dentro de un poco de tiempo, tus fantasmas habrán desaparecido totalmente.
Habrás abierto las ventanas, ventilado tu cerebro, dejado pasar la curativa luz.
Pronto, las plantas comenzarán a florecer, inundando el zaguán de tu puerta.
Los espejos dejarán en el aire de tu habitación grises suspiros azogados.
Saludarás a la vida, vestida de gasa, volando por el espacio de tu contento.
Dejarás caer la cabellera de tu larga pasión sobre la dulce espalda desnuda.
Olvidarás alguna mirada de deseo fugaz sobre el peinador muerto de celos.
El cardador de nácar que ha acariciado tu belleza, quedará olvidado
Una pamela, entretejida de hierba verde, llenará de sombras los sofocos estivales.
Anudarás millares de hilos de colores en la rueca carnal de tus tibias manos.
Tejerás mensajes de amor policromo con los ahusados marfiles de tus dedos.
Soltarás una cinta de seda de tu cabello, que será un gallardete al inquieto viento,
¿Quién, en su sano juicio, no querría subir a ese barco de sueños enardecidos?
Bastaría mover unos grados el timón de cadenas chirriantes y zarpar muy presto,
Bastaría ordenar a los fantasmagóricos marineros que olvidaran sus capuchas de oro;
Acódate a mi lado, en el puente de madera de cedro virgen, y cíñete firme a mi cuerpo.
Cierra los ojos para ocultarte al abrigo aterciopelado de mi capa y otea con calma,
Escucha.
Todo lo que te prometo está más allá del proceloso mar azul de mi mirada;
Ahora es brillante sendero de luna; camino de estaño repujado y orlas de espuma.
Pasea, como una nueva profetisa, sobre las aguas, danzando al clamor de las mareas.
Mira al sol, para reseguir sus senderos de fuego, y fondea en la isla ignota del amor.
Cuando llegues allí, puedes, si quieres, tomar un puñado de arena del camino;
Puedes, si sueñas, dormir confiada al abrigo de la vegetación oscura de tu misterio.
Ya no hay monstruos que salgan de cuevas pavorosas para devorar tu tierna voluntad.
Marinera estelar,... solo te queda dirigir esta nave de promesas hacia tu propio Norte
Rimbaud
