LA FOTO (Rimbaud - Enero - 2007)
donde hoy, por primera vez, puedo contemplar
el rústico altar de piedra de un recóndito lugar
que, en otro tiempo, tal vez sufrió el maremoto
de unas olas empujadas por la fuerza de la brisa,
que no parece ahora poderte siquiera despeinar
el cabello sedoso que enmarca tu amplia sonrisa.
Lejos, la costa verde gris, es severo y rígido coto
que impone inviolables límites a ese quieto mar,
aunque no logre poner frontera a tu lejano mirar
que, de tan sereno, se asemeja a un rezar devoto
en un monacal templo de piedra, hecho deprisa.
Un ara de arcaicos sacrificios, donde solían orar
sacerdotisas, augures, vestales, sibilas y pitonisas.
En la imagen, parece que hubieras hecho un voto
sincero de conseguir, por siempre jamás, olvidar
lo que, cruelmente, la difícil vida te quiso revelar,
enclaustrándolo tu memoria en un rincón ignoto.
Hastiada, tu ansia anímica es reposar donde divisas,
tal vez lejano, el horizonte lineal y llano del amar,
reír, gozar, pensar, escribir y conversar sin prisa.
Ya no es preciso discutir, ni armar ningún alboroto,
convirtiendo en campo de batalla lo que era hogar.
Comprendo que nunca se consigue dejar de añorar
lo que vas transformando en ausencia, poco a poco.
El pájaro sutil de la mente, tiende a cosas concisas;
así que no me sorprende verte, al claro sol, meditar
el azar de tu destino, en la postura sagrada del loto.
Rimbaud
