Con tu eterna suavidad,
con tu graciosa expresión.
Mi sueño, mi razón
Te miro y te miro,
y ni siquiera me permito un suspiro,
por no distraer mi atención.
Como un bello cuadro,
como escultura hermosa,
como si fueses una diosa.
Extasiado en tu figura,
en tus gestos, tus formas…
tu movimiento, lleno de dulzura.
Esa mirada de seda fina,
que lejos de clavar tu pupila,
me sabe a caricia divina.
El candor de tu sonrisa,
abierta y tranquila,
extendiendo los labios, sin prisa.
Que suerte tenerte a mi lado,
beber de tu amor,
que me has regalado.
Sentir tu compañía,
cobijarme en tu corazón;
¡que quieras ser mía!
Porque cuando estoy a tu lado,
se ilumina el día,
y no recuerdo el pasado.
Se difuminan los dolores
que mi corazón sufrió antaño,
y me embriago con tus olores
Con tu tacto, con tus amores,
con tu pasión y con la mía.
Porque te amo… querida.
Potroviejo