GRUPOEMA

En la tradición marinera, los eventos de una jornada de navegación se reflejan en un bien llamado: "Libro de Bitácora". Los que navegamos por variados mares, en pos de la misteriosa y esquiva belleza, queremos recoger aquí los frutos de nuestras sinceras improvisaciones y empeñados ensayos creativos, para compartirlos libremente con aquellos que sientan un afín impulso de comunicación. A este recoleto mesón, de insomnes veladas y libre intimidad, sed convidados y bienvenidos.

Nombre: GERARDO FONTANES
Ubicación: Bilbao, Bizkaia, Spain

Mi blog pretende recoger, reunidad, las obras de pintura, cuyas imagenes he conservado, de una u otra forma, de exposiciones, y almacen de taller.

26.10.06

COSAS DE LA VIDA (Rimbaud - 26-10.06)


Sin más pues. Otro día,
paseaba por una calle
que es una amplia vía
llena de escaparates,
luminosos y neones,
donde se exponen
los lujos de cada día;
con calidad de la marca
que todos desearían.

Era un derroche de luz;
y es que estaban todas
en ella representadas:
Mango, Gucci, y Zara;
Herrera, Síntesis, For;
Cortefiel, y Mariclaire,
Loewe, Máximo Dutti.
¡Eso! Que estaban tutti,
de las más sofisticadas.

En un rincón, un trolero,
Pronosticaba el futuro,
con la cartas de Tarot.
Un vidente con turbante,
que le hacía ese honor
a un ingenuo paseante
con cara de buen señor.
Los vecinos hacían cola
en la tienda del lotero.

Un poquito más lejanos,
otro de los actuantes,
era un chino sin coleta
que tocaba las baquetas
con un tambor por delante.
Es más, salían de una caja
los sonantes, melodiosos,
trinos claros y vibrantes,
de un violín milagroso.

Y digo que era un milagro
porque el frágil instrumento
reposaba en un estuche,
pequeño, ligero y magro,
que estaba solo entreabierto.
Ese chino, músico de pega,
ni hacia sonar ni el tambor,
ni el trémulo violín; y el ruido
de los redobles, era fingido.

Entre tanto desconcierto
me paré junto a un Banco,
... o una Caja de ahorros.
Allí, hecha unos zorros,
sentada en rotos cartones,
una joven mujer, pobrecita,
extendía una vieja cazuela
pidiendonos una monedita
para intentar ir tirando.

Yo me quedé observando,
su rostro congestionado,
Ella acariciaba a un bicho,
con los ojos muy saltones:
un gato gris, espeluznado
que le hacía compañía
al chino de la batería;
y al violín solo y mudo
que, en el suelo, se dormía.

Y pensé, por un momento,
lo distinta que era la vida,
entre las suyas y la mía.
Yo, medio juglar galante,
que escribe mejor de oído
que recita lo que sabe,
tratando de ser elegante;
(y suelo estar más perdido
que un pulpo en un bardal).

Ellos, refugiados en un portal,
con el gato, y complementos:
El violín, el tambor y los palillos,
sobre el frío zaguán de mármol,
sin mirar, mirando a la nada,
esperando, sin esperar a nadie;
parecían más felices que yo;
a quien extendían su cazuela,
rogando unas simples monedas.
Rimbaud.