Ya he dejado el automóvil, con alivio
ahí, en la esquina de cotidiano delirio,
de donde debo quitarlo por la mañana
antes de que venga la estricta jovencita
que me pone esos multazos de martirio.
No sé si echarle, para procurarle calma,
algunos tejos, o quizá toda la tejabana.
O tal vez tenga que decirle algún piropo,
y halagarle con: ¡Estas guapa esta mañana!
o, al fin, tendré que sacudirla con un cirio.
¡ Mirad, que esto de viajar es una lata!
sobre todo si no me da ni una peseta,
aunque lo intente de todas las maneras.
El caso es que he subido la escalera,
cargado como un mulo con maletas.
Pero hay que asistir a convenciones
donde me citan, invitado, en ocasiones
y quedar como un dios en las reuniones.
en sitios donde acabas hasta los zarajos
de tener que hacer estúpidos trabajos.
En fin, me he abrazado a la nevera...
En ella había un par de plátanos amarillos
mas pasados que unos chinos con flequillo
un yogurt que caduca, justo, mañana...
y un trozo de quesito con membrillo.
De modo que he liado la manta a la cabeza
desenroscando la boina de la costumbre
he prendido en la estufa la eléctrica lumbre
y me he puesto a revolver en esta ventana
donde reviso vuestras cartas tan tempranas.
Me alegro de haberlas leído a tiempo
para que, como el yogurt no caduquen,
si las abro antes de que llegue la mañana.
Espero no haber dicho alguna tontería,
contestando, tan deprisa, a lo que había.
En esas, me asaltas tú, pidiendome poesía...
¡Caramba, chica, pues eso ya ni lo pensaba!
ni, puedes creerme, que hacerlo conseguiría
al menos, antes de descansar hasta mañana;
que ha sido harto agitada esta fugaz semana.
De modo que me he preparado luego un té,
dejando para más tarde la esperada alegría
de echarme sobre mi antropomórfica cama
a ver si consigo descansar un rato todavía,
antes de que despierte al grito de la mañana.
Puesto que aprecio tu alma clara y sencilla;
a media desnudez, te dedico estas letrillas
escritas entre cáscaras de plátano revenido
y ese medio yogurt que me falta todavía
por cenar, además del queso con membrillo.
Rimbaud.