GRUPOEMA

En la tradición marinera, los eventos de una jornada de navegación se reflejan en un bien llamado: "Libro de Bitácora". Los que navegamos por variados mares, en pos de la misteriosa y esquiva belleza, queremos recoger aquí los frutos de nuestras sinceras improvisaciones y empeñados ensayos creativos, para compartirlos libremente con aquellos que sientan un afín impulso de comunicación. A este recoleto mesón, de insomnes veladas y libre intimidad, sed convidados y bienvenidos.

Nombre: GERARDO FONTANES
Ubicación: Bilbao, Bizkaia, Spain

Mi blog pretende recoger, reunidad, las obras de pintura, cuyas imagenes he conservado, de una u otra forma, de exposiciones, y almacen de taller.

4.12.06

ARRITMIA ORGANICA (Rimbaud - 4 .12.06)

Tienes, en la frente, un pañuelo de yerbas de mil colores.
Tu cara es una hermosa máscara de porcelana china;
tu voz: rumor de abejas laboriosas gustando de las mieles;
filigranas, los frunces que te adornan las sonrisas breves.

No me despiertes. Es demasiado temprano, por ahora.
Déjame dormir en el lecho de la ilusionada ingenuidad.
Acúname, como a un niño arrullado al calor del seno.
Hazme mimos; cuéntame cuentos; esconde la verdad.

Antes que la descarnada realidad, prefiero el sueño.
Con ojos que, a oscuras, enrojecen de fiel bravura;
son abrazos de prisión, tu turgente carne enamorada.
Mi boca, sima de profundo ardor, devora tu palabra.

Tus frases, tajos de navaja barbera, rajando el alma.
No puedo despertar tan de repente; no me esclavices,
ni me ancles, enlazándome a tu cuerpo tan querido.
Elévate sobre mí, iniciando un vuelo astral, transido.

Árbol de Lima, verde y de natural esencia amarga;
hunde, despiadada, tus recias raíces en mis tierras
que se esponjan, curiosas de placer, abandonadas,
que se ayerman por tantas impaciencias refrenadas.

Asustado cervato, alertado por el sonido de tu voz;
muchas de las noches, estoy en dulce duermevela,
bebiendo sorbos de lo que recitas en voz tan queda;
apurando el recuerdo de tus frases, como hechizos.

Quiero retirarme a un refugio entre árboles discretos,
donde repose, en secreto, la limpia noche de tu cara.
Bosque de hojas quietas, rumor de agua y sin miradas;
lecho de pieles y nardos, sería ese lugar preconizado.

Aunque, si quieres alejarte, no preciso de despedidas.
Con palabras muy directas, dime sencillamente: ¡Vete!
Porque, si lo deseas, a petición tuya, yo me ausento,
para volver sobre mis pasos; aunque, creo, que añorante.

Pero; ¿quién podría ser yo para ti, en adelante?
¿Alguien a quien se toma preso, o se abandona?
¿Un dulce fruto abandonado en un causal sendero?
¿Un raro encuentro virtual; o quizá, solo un extraño?

Ausente del embrujo de tus risas abiertas y de la luna,
mis frases serían deshojadas flores, acabadas, mustias,
congeladas por fríos de Invierno y, entre angustias,
yacerían en llanuras, hueras de lances de fortuna.

En el blanco de las páginas de los días no vividos,
un generoso nigromante, atrapándonos los destinos,
a veces escribe líneas de matiz cálido y confortante,
dotando mi regular existir con transitorias alegrías.

Voy a hablar con el timbre más claro de mi voz,
y diré la verdad elemental, aunque resulte dura.
Ha nevado fuerte sobre mí espíritu de invierno.
Esa nieve tenía huellas de pisadas muy profundas.

Pero, su suave blancura, no ha perdurado mancillada
He admitido que se rellenen los huecos con escarchas,
y, luego, el viento frío ha devuelto hielo a los senderos,
hasta que el páramo del alma ha recobrado plena lisura.

Hace tiempo que mi vela ha consumido su pabilo luminoso.
Apagada su mecha, ha quedado confundida con la noche
y, amante al fin, ha derramado cálido esperma, generoso,
en el ser diseñado por la ilusa imaginación, y la quimera.

No hay erupciones en los suaves contornos de sus ceras.
El cuerpo soñado es, ahora, un broche cerrado , inmóvil
cerrojo carcelario que encierra los entornos planetarios,
donde la órbita de la razón coincide allí, de mil maneras.

Fría Luna lejana, que das tintes y vueltas al sudario verbal,
de blanca palidez, cantada por un poeta de dicción desaliñada;
soñador de sonetos; recitador de elegías, y cantos verseados;
halagos fúnebres que dan culto a los ausentes, y a los muertos.

Desde los altos muros de mi mente, con firmes parapetos,
detengo las veloces flechas del ciego amor, emponzoñadas,
lanzadas por manos que guardan olores de miel en rosa,
y de otras fragancias dulcemente caprichosas, saturadas.

Al exótico vagar de mi cerebro, agudizado por la duda,
enfrento el plateado espejo que retorna verdad refleja.
Y, frente al ingenuo deseo, opongo mis razones, conmovido.
Soy luz de gas, balbuciendo tímidos argumentos emotivos.

Si tu dominas la verdad y, así , te sinceras en lo que escribes:
un tránsito al fin, de voces sigilosas, que prescriben recetas;
pócimas magistrales para trascender el umbral de lo secreto,
brincando por encima de las luces, y de los focos incendiarios.

La alegría mora en tu felicidad, como suceso extraordinario,
estallando en luz plural, como los cohetes en una alegre falla.
Cuerpo gentil y moreno: anécdota es tu piel, de cuerpo ameno,
y, en el amor que adivino, amable y duradero campo de batalla.

Porque llamas a las cosas por su propio nombre,
y eres hembra capaz de gozar de una risa franca,
me haces pensar, sin quererlo así, cada mañana,
lo que suele significar una mujer para su hombre.

Si, en el fogón de tu cuerpo, consiguiera templarla;
esforzadamente, transformaría hierro en recia cadena,
que, firmemente engarzada con grilletes bien templados,
reducirían mis deseos a la pobre condición de esclavos.

Si no logro beber, de tu manantial, el agua refrescante,
me temo que padeceré, de ardiente sed, toda la vida.
Lejos de esa fuente de alegría, tan cerca de mi ocaso,
alistándome en un ejército de leones, soy mercenario.

No tengo otra visión de paga alguna, u otras soldadas,
sino hallar algún día, bajo cualquier árbol centenario,
el descanso que, al fin, merece un guerrero temerario.
después de librar batallas duras y ocasiones enconadas.

Pasajera de la noche, no te adivino, por las penas, sollozante.
El sonido de tu voz sigue siendo fresco y de ternura sedante.
Como eco oscuro, misterioso, de pálpito límpido e intrigante.
El gesto bullidor y retozante con que te adornas, tan galante.

Acaso no tengas un nombre que pudiera atreverme a mencionar.
Quizá solo seas un montón de frases huecas, con título de poesía.
Pero sé que mi naturaleza está hambrienta de ti, y un lejano día,
disfrutando de sentir, entregados al descanso, haremos las paces.

Rimbaud