GRUPOEMA

En la tradición marinera, los eventos de una jornada de navegación se reflejan en un bien llamado: "Libro de Bitácora". Los que navegamos por variados mares, en pos de la misteriosa y esquiva belleza, queremos recoger aquí los frutos de nuestras sinceras improvisaciones y empeñados ensayos creativos, para compartirlos libremente con aquellos que sientan un afín impulso de comunicación. A este recoleto mesón, de insomnes veladas y libre intimidad, sed convidados y bienvenidos.

Nombre: GERARDO FONTANES
Ubicación: Bilbao, Bizkaia, Spain

Mi blog pretende recoger, reunidad, las obras de pintura, cuyas imagenes he conservado, de una u otra forma, de exposiciones, y almacen de taller.

31.12.06

ESPIRITU DE NAVIDAD (Rimbaud 31.12.06)

Inauguro
el cartón, que me permite tantos viajes cada día
y saludo:
¡Feliz año! – digo al serio vigilante del servicio.
¡Feliz año¡
- responde, continuando su aburrido itinerario,
esperando que termine la jornada, de una vez.

Un coro
de hombres y mujeres apretados;
sin decoro,
arriman sus cuerpos, racimados
y prietos,
en la tardía hora del último transporte
que recoge a tantos demorados.

Un muro
de personas, atosigadas por las prisas.
Mi rostro,
no es máscara para ninguna fiesta.
Cierro,
de mis sentidos, la pequeña puerta
de los ojos, para no ver sonrisas.

Especulo
sobre la falta de sentimientos,
y dudo,
de que podamos recuperar,
al futuro,
el perdido espíritu, sencillo
y tradicional, de la Navidad.

Calculo
que ya no sentiré aquel contento
puro,
del pastoril tintineo de campanillas,
y el rebuzno
del burro, hecho de barro pintado,
del “Belén del Nacimiento”.

Espero,
aún, el haz brillante de una estrella:
Un sendero,
de luminarias chispas incendiarias;
un lucero
que prenda pasiones en las almas,
surcando los desiertos de la tierra.

Adoro
la figura del ángel anunciador de nuevas
al grupo
de pastores reunidos, que escuchan en silencio,
el noticiario
de venturas, más allá de temporales penurias,
y que se encarnan en el niño de esa cueva.

Aventuro
que no volverán los personajes disfrazados,
ni el conjuro,
de esperar a los Reyes Magos, camellos y sirvientes,
en el claroscuro
de aquellas noches adornadas, con presentes
para los que no hayan sido malos.

Austero,
a la fuerza, por carencia de recursos
y del dinero,
que no entra en mis bolsillos;
prefiero,
la ilusión de soñar, más que el lograr,
aquello que espero disfrutar.

Por cierto,
cuando de madrugada, estando a solas,
del pasado,
por suerte, encuentro en mi recuerdo
que, animado,
con la familia durmiendo o descansando,
yo aún quería bailar con las escobas.

Quiero,
que haya amistad, y no egoísmo
fiero;
ni la ambición de tener, a cualquier precio.
Y anhelo,
que surjan más cantores ante el misterio,
entonando sus alegres villancicos.

De nuevo,
me conformaré con el símbolo de Pascua:
un huevo,
con la piel de suave y negro chocolate;
pero,
lleno de mezclada miel y de piñones,
alegrando los golosos corazones.

Auguro,
que en lugar del blando mazapán,
o turrón duro,
nos conformaremos con un pan,
a buen seguro;
Que, para festejar lo presagiado,
no será dulces lo que nos darán

Presumo,
que los animales seguirán pasando
apuros,
perseguidos por los crueles cuchillos.
Imagino,
que también llorarán muchos chiquillos,
al perder el candor de su contento.

Deduzco,
que no será de nadie modelo: la caridad.
Al futuro
aumentará, por contra, el querer ambicioso
y avaro,
que incrementará su oro y posesiones,
recurriendo a una digna indignidad.

Seguro
que resonaran otras zambombas de metal
duro.
Y el vibrátil trepidar, ruidoso y panderetero,
del mortero,
acompañado del silbido de metralla asesina;
y no de pacíficos humos de puchero.

Qué oscuro
panorama, yermo, y de tan dura frialdad,
por cierto,
de tantas tierras despojadas y arrasadas.
Caro
es el precio de mantenernos en una vida
que no ofrece perspectivas a la paz

Paro...
No puedo permitirme caer en agujeros de tristeza.
En enero
no cejaré hasta encontrar el camino necesario
al futuro,
y que dibuje un mapa de energía desbordante,
en el pacífico discurrir de mi cabeza.

Oigo
desde el fondo del vagón que ocupo, un villancico,
Un sonido
con la graciosa entonación, temblorosa , de dos niños,
unidos
por el estímulo apasionado de sus padres, animándoles
a cantar libremente a la Navidad.

Recuerdo
que yo cantaba esos mismos sonsonetes,
tan chico,
que apenas recuerdo ahora ni cómo era,
en la espera
del llegar del jurado de la parroquia, y el cura
que daba la calificación a los Belenes.

Artero,
es el huir del sombrío ángel de la muerte
vencido
por la magia de un canto infantil enardecido.
Sonrío,
uniendo mi alegría a la de otros, conmovidos
por la ingenua alegría de esta noche.

Recuerdo:
“La Virgen se está peinando
sola
entre cortina y cortina,
y
sus cabellos son de oro,
y el peine de plata fina...

“Pero;
mira cómo beben los peces en el río,
pero;
mira como beben, por ver a Dios nacido.
Beben,
y beben, y vuelven a beber,
los peces en el río, por ver a Dios nacer.”

Escucho,
en el fondo de mi alma, los trémulos sonidos,
y veo
algunos rostros, recuperando emociones olvidadas;
cambiando
con los demás, gestos de confidente connivencia
en este momento, en que vamos todos reunidos.

Me fijo:
Sentado cerca de mí, refugiado en su asiento,
un hijo,
de algunos emigrantes, quizá recién venidos,
denota ,
con su mirada oscura y el bruno rostro huidizo,
que en su pecho anida otro sentimiento.

Latiendo
el fugaz brote de un poema en mi pensamiento,
Escribo
mentalmente, en la pizarra blanca de mi memoria,
la nota
que me permita recordar aquello que percibo:
el brillo de su mirar oscuro en una piel curtida.

Claramente :
su juventud, muestra rasgos de adolescente.
Imberbe aún,
por encima de sus labios, surge un vello incipiente;
y su mentón
prieto, de rostro de varón, muestra el gesto evidente
de que no encuentra la vida complaciente.

Observo,
que sostiene con cuidado, entre sus manos, un regalo;
Creo
que un obsequio, por la cinta que rodea el envoltorio,
portado,
por el pequeño caballero, que llevara, como un Tenorio
apasionado, un secreto presente para su dama.

Termino,
porque el convoy ya ha llegado a su destino.
Desciendo
del vagón, donde esta tarde he viajado acompañado.
Busco,
de entre las dos que se abren a ambos lados del pasadizo,
la más conveniente para mis interminables recados.

¡Qué tarde!
Mis ojos , de emociones fatigados, denotan ansiedad.
Entorno
la cancela, detrás de la cola lanuda del gran perro
de un vecino,
que le saca cada noche a su necesario paseo canino,
y con el que he coincidido, otra vez, en Navidad.

En un sillón,
mientras en la chimenea prende, tímida, el primer ascua
de un fuego,
que animará la fría madrugada de este año nuevo, reposo
un rato
en el saloncito escueto. Y recuerdo el veloz vagón del "metro"
donde, aquel muchachito, abrazaba su "Flor de Pascua".

Rimbaud

AÑO CERO (Closignlisboa - 31.12.06)

En el año cero, la palabra fácil, desaparece;
los muros de la memoria abren sus ventanas
para que, aquellos hechos que rompen la armonía,
se pierdan irremediablemente en el vacío.

La seducción de un horizonte me ha mirado a los ojos.
Ya no seré sombra de un pórtico de piedra,
ni yermo cereal en silo anónimo. Tampoco
seré cólera, en un amanecer de tristes sueños.

Escucho los sonidos de una voz que es luz;
que me abraza en mi muerte de las pequeñas cosas,
y me insufla la vida bajo la curvatura de un beso,
sin ser consciente de que, el soplo de su aire,
se lleva la mediocridad que me hace frágil.

En el año cero, la inocencia me invade,
llevándose el negro de las tardes perdidas;
me sienta en la acera de la pasión por vivir, y
la nada es todo; la claridad de un nuevo día.


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