TROVADORES (Rimbaud - 06.12.06)
Esto, no es un archivo de canciones,
ni recetarios de variados cocineros.
Este libro, es un conjunto de poesías
escritas desde vuestras emociones.
Y deben crecer, como crecen las setas
en los umbríos sombrajos de los montes.
Al cabo, afirmando: ¡queremos ser poetas!,
debiéramos sentir el corazón encandilado.
Hoy, abrigado e indolente, he respirado
entre olmos, pinos y castaños enmohecidos,
que dejaban asolados rastros de verde cano,
donde creció otro color austero, en verano.
He paseado por senderos que no terminan;
cuestas, que suben hacia lomas infinitas
y descienden hacia lechos de pantanos,
donde se ahogan rencores y pensamientos.
No puedo decir que fueran sentimientos,
porque estos escapan a nuestras manos
para caer, entre pozos, carrizales, ribazos,
y juncales, donde moran ancianos patos.
Para sentir el gélido relente en mi piel,
me he despojado, rápido, de los zapatos:
-cueros que nos sujetan los sufridos pies,
y donde aprieta el remordimiento cruel -.
Aún sintiendo mis miembros fatigados,
he sumergido el cuerpo en el torrente
para sentir de las piedras el lacerante
y doloroso herir de sus bordes afilados.
Cuando te estas helando, es inútil discurrir.
Mientras se aceleraban los latidos del vivir
he podido percibir, en mis pies amoratados,
el frío premonitorio de un invierno anunciado.
Rimbaud
ni recetarios de variados cocineros.
Este libro, es un conjunto de poesías
escritas desde vuestras emociones.
Y deben crecer, como crecen las setas
en los umbríos sombrajos de los montes.
Al cabo, afirmando: ¡queremos ser poetas!,
debiéramos sentir el corazón encandilado.
Hoy, abrigado e indolente, he respirado
entre olmos, pinos y castaños enmohecidos,
que dejaban asolados rastros de verde cano,
donde creció otro color austero, en verano.
He paseado por senderos que no terminan;
cuestas, que suben hacia lomas infinitas
y descienden hacia lechos de pantanos,
donde se ahogan rencores y pensamientos.
No puedo decir que fueran sentimientos,
porque estos escapan a nuestras manos
para caer, entre pozos, carrizales, ribazos,
y juncales, donde moran ancianos patos.
Para sentir el gélido relente en mi piel,
me he despojado, rápido, de los zapatos:
-cueros que nos sujetan los sufridos pies,
y donde aprieta el remordimiento cruel -.
Aún sintiendo mis miembros fatigados,
he sumergido el cuerpo en el torrente
para sentir de las piedras el lacerante
y doloroso herir de sus bordes afilados.
Cuando te estas helando, es inútil discurrir.
Mientras se aceleraban los latidos del vivir
he podido percibir, en mis pies amoratados,
el frío premonitorio de un invierno anunciado.
Rimbaud

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