CONSIDERACIONES ( Rimbaud 24.12.06)
La vida no tiene otro sentido que vivirla;
es inútil aplicarle las escalas racionales,
Conforme a nuestros instintos animales,
no tenemos otra opción que consentirla.
La existencia es ciega, y nos sorprende;
nos toma de la mano y nos obliga;
nos conduce, alguna vez, a la deriva,
sumiéndonos en el deseo complaciente.
Pero es cierto que nada es fruto del azar.
Quien ha deseado olvidar los desengaños,
no suele recordar, pasados algunos años,
cuándo quiere, de nuevo, volver a pelear.
Como un reto, tornamos al campo del honor,
entre hojas de otros otoños olvidados,
sintiéndonos de nuevo como esclavos
del impulso total, irresistible, hacia el amor.
Enojosa disquisición, tratar del raciocinio
aplicando a los sentimientos, los baremos,
cuando todos ya sabemos, más o menos,
dónde debemos tener el fiel del equilibrio.
En la apuesta de estar otra vez encandilados,
no quisiéramos pagar un precio muy costoso
dispuestos a arriesgar lo que nos sea gravoso,
debiendo conformarnos así, por ambos lados.
Y sin embargo, cada día,... y cada instante,
queremos llenarlos de imaginadas ilusiones,
de sentimientos y presentidas sensaciones,
cuando la vida toma un aspecto delirante.
Cómo podemos discutir con el camino
que tolera de nuestros pasos las pisadas,
si luchamos contra las cosas ensoñadas
sofocando nuestros indecibles desatinos.
El problema es tener que enamorar;
-cosa que estimo como aborrecible-
si es, al parecer imprescindible,
para, de la amistad, poder disfrutar.
Aunque se involucraran pasiones
con diferente y distinta alternativa
la amistad no es lograr una querida
como sujeto de amor o de traiciones.
La amistad es vergel de sensaciones
donde priva, casi siempre la sonrisa.
El placer consiste en no obrar deprisa
y saber donde detener las emociones.
Con limpio sentido y mayor respeto,
se deben tratar estas raras situaciones
con infinita discreción y privaciones
para no transformarlas en secretos.
Cuando uno no debe, no puede decir,
lo que siente y lo que le pide el alma.
Es inútil tratar de mantener la calma
cuando el espíritu comienza a sufrir.
Extraño este mundo que no admite
de las personas su intimidad privada,
arguyendo que está siendo traicionada
la persona no invitada a este convite.
No hagamos cuadraturas circulares.
Los anillos siempre cierran superficies
carentes de salida hacia los vértices,
y suelen revolucionar sobre sus lares.
No somos seres de rutinas geométricas;
y no consentimos el afecto triangular;
Hay que prohibir la amistad singular
no tolerando las confianzas poliédricas.
Si orientaramos las líneas convergentes
en compleja y divergente perspectiva,
la figura cuadrangular recta y definida
pudiera quebrarse por su débil frente.
Casi todos, mantenemos vidas paralelas
y nos ubicamos en ejes cartesianos,
frenando el ansia de nuestras manos,
por no invadir otras sensibles fronteras.
La noche, inmensa, es universo de locura;
brillantes miríadas de estrellas ignoradas
haciéndonos guiños, con sus luces alejadas,
como barcos zarpados en ignota singladura.
Y a lo lejos, la guía fiel del socorredor faro,
explorándo horizontes de agitada tempestad,
espace largas ráfagas de su luz de eternidad,
guiándonos hasta alcanzar puerto seguro.
Cuidando de nuestra ingeniería cerebral,
debiéramos apretarnos los tornillos,
para evitar hacer como los chiquillos,
que, al jugar, causan sin intención, el mal.
Y después de decir tantas simples cosas
-que he titulado como: “Consideraciones”
con ánimo de resumir mis conclusiones-,
dejo de vagar por estas sendas tortuosas.
Rimbaud
es inútil aplicarle las escalas racionales,
Conforme a nuestros instintos animales,
no tenemos otra opción que consentirla.
La existencia es ciega, y nos sorprende;
nos toma de la mano y nos obliga;
nos conduce, alguna vez, a la deriva,
sumiéndonos en el deseo complaciente.
Pero es cierto que nada es fruto del azar.
Quien ha deseado olvidar los desengaños,
no suele recordar, pasados algunos años,
cuándo quiere, de nuevo, volver a pelear.
Como un reto, tornamos al campo del honor,
entre hojas de otros otoños olvidados,
sintiéndonos de nuevo como esclavos
del impulso total, irresistible, hacia el amor.
Enojosa disquisición, tratar del raciocinio
aplicando a los sentimientos, los baremos,
cuando todos ya sabemos, más o menos,
dónde debemos tener el fiel del equilibrio.
En la apuesta de estar otra vez encandilados,
no quisiéramos pagar un precio muy costoso
dispuestos a arriesgar lo que nos sea gravoso,
debiendo conformarnos así, por ambos lados.
Y sin embargo, cada día,... y cada instante,
queremos llenarlos de imaginadas ilusiones,
de sentimientos y presentidas sensaciones,
cuando la vida toma un aspecto delirante.
Cómo podemos discutir con el camino
que tolera de nuestros pasos las pisadas,
si luchamos contra las cosas ensoñadas
sofocando nuestros indecibles desatinos.
El problema es tener que enamorar;
-cosa que estimo como aborrecible-
si es, al parecer imprescindible,
para, de la amistad, poder disfrutar.
Aunque se involucraran pasiones
con diferente y distinta alternativa
la amistad no es lograr una querida
como sujeto de amor o de traiciones.
La amistad es vergel de sensaciones
donde priva, casi siempre la sonrisa.
El placer consiste en no obrar deprisa
y saber donde detener las emociones.
Con limpio sentido y mayor respeto,
se deben tratar estas raras situaciones
con infinita discreción y privaciones
para no transformarlas en secretos.
Cuando uno no debe, no puede decir,
lo que siente y lo que le pide el alma.
Es inútil tratar de mantener la calma
cuando el espíritu comienza a sufrir.
Extraño este mundo que no admite
de las personas su intimidad privada,
arguyendo que está siendo traicionada
la persona no invitada a este convite.
No hagamos cuadraturas circulares.
Los anillos siempre cierran superficies
carentes de salida hacia los vértices,
y suelen revolucionar sobre sus lares.
No somos seres de rutinas geométricas;
y no consentimos el afecto triangular;
Hay que prohibir la amistad singular
no tolerando las confianzas poliédricas.
Si orientaramos las líneas convergentes
en compleja y divergente perspectiva,
la figura cuadrangular recta y definida
pudiera quebrarse por su débil frente.
Casi todos, mantenemos vidas paralelas
y nos ubicamos en ejes cartesianos,
frenando el ansia de nuestras manos,
por no invadir otras sensibles fronteras.
La noche, inmensa, es universo de locura;
brillantes miríadas de estrellas ignoradas
haciéndonos guiños, con sus luces alejadas,
como barcos zarpados en ignota singladura.
Y a lo lejos, la guía fiel del socorredor faro,
explorándo horizontes de agitada tempestad,
espace largas ráfagas de su luz de eternidad,
guiándonos hasta alcanzar puerto seguro.
Cuidando de nuestra ingeniería cerebral,
debiéramos apretarnos los tornillos,
para evitar hacer como los chiquillos,
que, al jugar, causan sin intención, el mal.
Y después de decir tantas simples cosas
-que he titulado como: “Consideraciones”
con ánimo de resumir mis conclusiones-,
dejo de vagar por estas sendas tortuosas.
Rimbaud

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