GRANADA A CIEGAS (Rimbaud 08.01.07)
Granada; la de la Alhambra dorada
y blancas esquinas de cal; recortadas
navajas de luz, que hieren sombras.
Veo, entre rostros de ojos morunos,
forjadas láminas de plata y acero.
Desde las callejas oscuras
a la serranía, vestida de azules,
con rasgones de puras nieves
y manchas, verde esmeralda,
sobre violeta austero.
Necesitas viandantes placenteros
pacíficos e ingenuos transeúntes,
que no olviden ningún rincón.
Yo, para mi ceguera, un guía
que me oriente en los senderos.
Un compañero, un compadre
o camarada, pero no un amigo
de lo ajeno; que apenas distingo
los embutidos, de los chorizos,
y los gatos, de los rateros.
Ya no estas, Granada,
tan paseada, al trote,
por cabalgantes muleros.
Ahora, te aplastan las ruedas
de otros carros impacientes.
Entre el gotear de fuentes,
de lirios y limoneros,
avellanos y claveles,
rosaledas y arrayanes,
cada tarde, yo te quiero.
Rimbaud
y blancas esquinas de cal; recortadas
navajas de luz, que hieren sombras.
Veo, entre rostros de ojos morunos,
forjadas láminas de plata y acero.
Desde las callejas oscuras
a la serranía, vestida de azules,
con rasgones de puras nieves
y manchas, verde esmeralda,
sobre violeta austero.
Necesitas viandantes placenteros
pacíficos e ingenuos transeúntes,
que no olviden ningún rincón.
Yo, para mi ceguera, un guía
que me oriente en los senderos.
Un compañero, un compadre
o camarada, pero no un amigo
de lo ajeno; que apenas distingo
los embutidos, de los chorizos,
y los gatos, de los rateros.
Ya no estas, Granada,
tan paseada, al trote,
por cabalgantes muleros.
Ahora, te aplastan las ruedas
de otros carros impacientes.
Entre el gotear de fuentes,
de lirios y limoneros,
avellanos y claveles,
rosaledas y arrayanes,
cada tarde, yo te quiero.
Rimbaud

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