SENTENCIA ( Rimbaud - 29.12.06)
Señor Juez:
¡Qué ingrato es el oficio de verdugo!
Al alba, cuando cante el gallo,
escoltado por la última luz de aquella luna
y algún can, vagabundo y pordiosero,
con el redoble incesante de la lluvia;
voy a llevar este amor al paredón,
para matarlo.
Lo sacaré de su celda solitaria,
cerraré sus ojos con la venda oscura del engaño,
en sus manos, ligaré las ataduras, tensamente,
para que no busque más mi quieto abrazo.
Cumpliré, por piedad, su último deseo;
besaré su frente ardiente, en despedida,
y rogaré que me perdone para siempre.
Voy a enfilarle, al corazón y a la cabeza,
los cien dardos venenosos del deber.
Procuraré acertar a la primera,
no me gusta ser cruel;
que la muerte es fría compañera.
Señor Juez; ¿Qué puedo decirle?
Soy un buen hombre;
todavía me quedan sentimientos.
Cuando haya cumplido mi trabajo,
recogeré sus restos, ya con calma,
para llevarlos, dormidos, en mi pecho.
Y no tema, Señor Juez, que me ablande.
En mi vida, antes he sacrificado,
otras cosas importantes.
¡Ah! Quiero dejarle aqui, su testamento;
me lo dictó anoche, en un instante.
No me dijo para quien es y me extrañó.
Al preguntárselo, contestó:
"No hace falta nombre alguno. Es para ella."
No comprendo bien todo lo que expresa,
y se lo leo.
Dice así:
TESTAMENTO
“Te hablo desde el fondo de tu cuerpo,
ese lugar, intangible, donde habito,
donde nada tiene forma, ni hay distancias
y se juntan el pasado y el infinito.
Apareciste y fue, al principio, una sorpresa,
después, profundo interés atrayente,
más tarde, un deseo inconsecuente,
al fin, universo de enorme trascendencia
que engendró, explosiva, una galaxia
de ardores y furor desconocido.
Temblando de emoción, los he vivido
en madrugadas de blancos pensamientos.
He sufrido, también, como he podido,
tardes vacías de pasión, y otros tormentos.
Puedo jurar y juro, que te he amado,
con la fiebre de un zagal ilusionado,
rondando tu rincón como un obseso
por mirarte y preguntar: ¿cómo va eso?
Para mí ya no bastaba con oírte,
y sentí la pasión febril de poseerte.
He jugado y, ahora, siento que he perdido.
Pagaré el precio de mi apuesta con olvido,
sacrificando hasta el placer de acariciarte.
Como un niño, comencé jugando.
Tomé, del sol, un rayo en un espejo
y, a su luz, imaginando, desbocado,
me deslumbré y no me ví tan viejo...
Creí que podría abrir la ventana
y me aplasté contra el cristal,
apretando mi rostro con tanta fuerza,
que mi imagen, plana y deformada,
se vería con la imagen más grotesca.
Si has reído, me alegro hasta los huesos.
No he debido mendigarte ningún beso.
Ya no debo seguir, porque es absurdo.
Siempre tenemos el consuelo, algo queda,
de una buena amistad, muy duradera.
Así que, cuando veas por la calle,
a este amigo y conteste a tu sonrisa,
será solo el saludo de un esqueleto;
porque mi cuerpo no tendrá alma.
Ante la difícil coyuntura en que me hallo:
sentenciado, incomprendido y angustiado,
condenado, censurado, rechazado,
yo, tu amor, seré de madrugada, ajusticiado.
Desde el fondo de tu mismo ser, yo te repito
un adiós, para siempre, mi bien finito.
Amada mía, jamás enamorada."
Esto es, Señor Juez, no hay más escrito.
Le confiaré el testamento a su paciencia.
Le informaré cuando todo haya acabado.
Como siempre, servidor de su ilustrísima,
me reitero, suya afectísima: Su conciencia.
ORDEN DE APLAZAMIENTO DE CONDENA
YO,
El Juez.
Como crítico inapelable de las Leyes, y la suerte,
en función de atribuciones que me otorgan
el poder de decidir sobre la vida y la muerte:
DIGO :
Que, en virtud de explicaciones confesadas,
como súplica a decisiones apeladas,
atendiendo a la bondad de la Justicia
y en razón de la razón, y en mi derecho,
ENTIENDO Y ORDENO:
Que, el verdugo ejecutor de la sentencia
tome asiento, y se arme de paciencia.
No será ejecutado quien se llama a sí mismo:
AMOR, por el momento;
y no admito que siga sufriendo su tormento.
Al oído y provisión de nuevas esperanzas,
la piedad y mi facultad de perdonar, le alcanzan.
Quede escrito y obedecido de inmediato,
no sea que , ese inocente, pague el pato.
Dictado en un mundo irreal, en una fecha inopinada.
y en el año de gracia de su amada.
Firmado:
De mi mano
Rimbaud
¡Qué ingrato es el oficio de verdugo!
Al alba, cuando cante el gallo,
escoltado por la última luz de aquella luna
y algún can, vagabundo y pordiosero,
con el redoble incesante de la lluvia;
voy a llevar este amor al paredón,
para matarlo.
Lo sacaré de su celda solitaria,
cerraré sus ojos con la venda oscura del engaño,
en sus manos, ligaré las ataduras, tensamente,
para que no busque más mi quieto abrazo.
Cumpliré, por piedad, su último deseo;
besaré su frente ardiente, en despedida,
y rogaré que me perdone para siempre.
Voy a enfilarle, al corazón y a la cabeza,
los cien dardos venenosos del deber.
Procuraré acertar a la primera,
no me gusta ser cruel;
que la muerte es fría compañera.
Señor Juez; ¿Qué puedo decirle?
Soy un buen hombre;
todavía me quedan sentimientos.
Cuando haya cumplido mi trabajo,
recogeré sus restos, ya con calma,
para llevarlos, dormidos, en mi pecho.
Y no tema, Señor Juez, que me ablande.
En mi vida, antes he sacrificado,
otras cosas importantes.
¡Ah! Quiero dejarle aqui, su testamento;
me lo dictó anoche, en un instante.
No me dijo para quien es y me extrañó.
Al preguntárselo, contestó:
"No hace falta nombre alguno. Es para ella."
No comprendo bien todo lo que expresa,
y se lo leo.
Dice así:
TESTAMENTO
“Te hablo desde el fondo de tu cuerpo,
ese lugar, intangible, donde habito,
donde nada tiene forma, ni hay distancias
y se juntan el pasado y el infinito.
Apareciste y fue, al principio, una sorpresa,
después, profundo interés atrayente,
más tarde, un deseo inconsecuente,
al fin, universo de enorme trascendencia
que engendró, explosiva, una galaxia
de ardores y furor desconocido.
Temblando de emoción, los he vivido
en madrugadas de blancos pensamientos.
He sufrido, también, como he podido,
tardes vacías de pasión, y otros tormentos.
Puedo jurar y juro, que te he amado,
con la fiebre de un zagal ilusionado,
rondando tu rincón como un obseso
por mirarte y preguntar: ¿cómo va eso?
Para mí ya no bastaba con oírte,
y sentí la pasión febril de poseerte.
He jugado y, ahora, siento que he perdido.
Pagaré el precio de mi apuesta con olvido,
sacrificando hasta el placer de acariciarte.
Como un niño, comencé jugando.
Tomé, del sol, un rayo en un espejo
y, a su luz, imaginando, desbocado,
me deslumbré y no me ví tan viejo...
Creí que podría abrir la ventana
y me aplasté contra el cristal,
apretando mi rostro con tanta fuerza,
que mi imagen, plana y deformada,
se vería con la imagen más grotesca.
Si has reído, me alegro hasta los huesos.
No he debido mendigarte ningún beso.
Ya no debo seguir, porque es absurdo.
Siempre tenemos el consuelo, algo queda,
de una buena amistad, muy duradera.
Así que, cuando veas por la calle,
a este amigo y conteste a tu sonrisa,
será solo el saludo de un esqueleto;
porque mi cuerpo no tendrá alma.
Ante la difícil coyuntura en que me hallo:
sentenciado, incomprendido y angustiado,
condenado, censurado, rechazado,
yo, tu amor, seré de madrugada, ajusticiado.
Desde el fondo de tu mismo ser, yo te repito
un adiós, para siempre, mi bien finito.
Amada mía, jamás enamorada."
Esto es, Señor Juez, no hay más escrito.
Le confiaré el testamento a su paciencia.
Le informaré cuando todo haya acabado.
Como siempre, servidor de su ilustrísima,
me reitero, suya afectísima: Su conciencia.
ORDEN DE APLAZAMIENTO DE CONDENA
YO,
El Juez.
Como crítico inapelable de las Leyes, y la suerte,
en función de atribuciones que me otorgan
el poder de decidir sobre la vida y la muerte:
DIGO :
Que, en virtud de explicaciones confesadas,
como súplica a decisiones apeladas,
atendiendo a la bondad de la Justicia
y en razón de la razón, y en mi derecho,
ENTIENDO Y ORDENO:
Que, el verdugo ejecutor de la sentencia
tome asiento, y se arme de paciencia.
No será ejecutado quien se llama a sí mismo:
AMOR, por el momento;
y no admito que siga sufriendo su tormento.
Al oído y provisión de nuevas esperanzas,
la piedad y mi facultad de perdonar, le alcanzan.
Quede escrito y obedecido de inmediato,
no sea que , ese inocente, pague el pato.
Dictado en un mundo irreal, en una fecha inopinada.
y en el año de gracia de su amada.
Firmado:
De mi mano
Rimbaud

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