NOTAS A UNA MUSA (Rimbaud - 18.10.06)
Hubiera debido comentar,
antes de empezar esto,
que tan solo tu presencia,
y alguna palabra suelta,
me podrían encandilar
y remover la conciencia.
Y es que poemar es frágil,
tan leve como pensar,
tan suave como vivir,
cuando se desea soñar,
y no se quiere mentir,
o, menos áun, engañar.
Tienes que reconocer,
que te he esperado...
Veía, cada atardecer,
un color rojo morado,
en un camino quebrado,
¡y no querías volver!...
Te perdí en la tierna infancia
y añorado tu fragancia,
mi adorada Musa dormida.
Aguardaba que tu figura,
con su aura de hermosura,
me saludara a distancia.
En un soplo de ventura
mezclada con alguna locura,
-para inspirar mi escritura,
y encontrar a otra gente
con las que trocar ternura-,
has llegado de repente.
Musa, celebro tu llegada,
como se festeja en la mesa
- cuando sirven langostinos-,
que llegue la mayonesa;
y que sirvan buenos vinos,
para alegrar la jornada.
Rimbaud
antes de empezar esto,
que tan solo tu presencia,
y alguna palabra suelta,
me podrían encandilar
y remover la conciencia.
Y es que poemar es frágil,
tan leve como pensar,
tan suave como vivir,
cuando se desea soñar,
y no se quiere mentir,
o, menos áun, engañar.
Tienes que reconocer,
que te he esperado...
Veía, cada atardecer,
un color rojo morado,
en un camino quebrado,
¡y no querías volver!...
Te perdí en la tierna infancia
y añorado tu fragancia,
mi adorada Musa dormida.
Aguardaba que tu figura,
con su aura de hermosura,
me saludara a distancia.
En un soplo de ventura
mezclada con alguna locura,
-para inspirar mi escritura,
y encontrar a otra gente
con las que trocar ternura-,
has llegado de repente.
Musa, celebro tu llegada,
como se festeja en la mesa
- cuando sirven langostinos-,
que llegue la mayonesa;
y que sirvan buenos vinos,
para alegrar la jornada.
Rimbaud

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