EL BUZON ( Rimbaud - Febrero - 2007)
Quedamos, por primera vez, en una esquina,
junto a un buzón de correos, de hierro fundido.
Yo la esperaba, con el cuerpo frío y aterido
y a que pasaran los últimos hielos del invierno.
Ella era un recién descubierto corazón tierno
que llegaba sin saber lo que era un primer beso
La cité allí, con intención, tal vez por eso,
para estrenar la sonrisa de su boca tan ceñida,
con tensos labios reteniendo el curioso deseo.
Después, como siempre, dimos un gran paseo
antes de comprarnos la entrada para un cine.
El discreto retiro oscuro de una fila preferente
dio el primer calor al rumor de nuestra vida.
Y, como si habláramos con un dialogo silente
le di un beso, mojando la piel de su tibia frente
mientras su mano se acogía la mía, agitada
por el temblor de aquel lugar inclemente
donde los demás se besaban sin medida
Mas tarde, me confesó, estar arrepentida
consigo misma por haberme consentido
que mi boca hubiera abierto un pasadizo
entre sus labios, tan cerrados y prudentes.
Aquel fue el primer beso de mi vida
abrazado a una naturaleza ardiente.
Y hoy, cuando la beso, ya dormida
aún recuerdo aquella presencia inocente
que, a mi lado, lloraba estremecida.
Rimbaud
junto a un buzón de correos, de hierro fundido.
Yo la esperaba, con el cuerpo frío y aterido
y a que pasaran los últimos hielos del invierno.
Ella era un recién descubierto corazón tierno
que llegaba sin saber lo que era un primer beso
La cité allí, con intención, tal vez por eso,
para estrenar la sonrisa de su boca tan ceñida,
con tensos labios reteniendo el curioso deseo.
Después, como siempre, dimos un gran paseo
antes de comprarnos la entrada para un cine.
El discreto retiro oscuro de una fila preferente
dio el primer calor al rumor de nuestra vida.
Y, como si habláramos con un dialogo silente
le di un beso, mojando la piel de su tibia frente
mientras su mano se acogía la mía, agitada
por el temblor de aquel lugar inclemente
donde los demás se besaban sin medida
Mas tarde, me confesó, estar arrepentida
consigo misma por haberme consentido
que mi boca hubiera abierto un pasadizo
entre sus labios, tan cerrados y prudentes.
Aquel fue el primer beso de mi vida
abrazado a una naturaleza ardiente.
Y hoy, cuando la beso, ya dormida
aún recuerdo aquella presencia inocente
que, a mi lado, lloraba estremecida.
Rimbaud

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