GRUPOEMA

En la tradición marinera, los eventos de una jornada de navegación se reflejan en un bien llamado: "Libro de Bitácora". Los que navegamos por variados mares, en pos de la misteriosa y esquiva belleza, queremos recoger aquí los frutos de nuestras sinceras improvisaciones y empeñados ensayos creativos, para compartirlos libremente con aquellos que sientan un afín impulso de comunicación. A este recoleto mesón, de insomnes veladas y libre intimidad, sed convidados y bienvenidos.

Nombre: GERARDO FONTANES
Ubicación: Bilbao, Bizkaia, Spain

Mi blog pretende recoger, reunidad, las obras de pintura, cuyas imagenes he conservado, de una u otra forma, de exposiciones, y almacen de taller.

15.1.07

LA NOCHE DE UN EXTRAÑO DIA (Rimbaud - 15.01.2007)

Con un sello de urgencia
llegó por un mensajero.
un simple detalle sincero
de alguien que me quería.

Me hizo gran ilusión,
saber que la encontraría,
para compartir su alegría
en aquel baile de salón.

Y el azar, misterioso,
hizo que, al parecer,
como suele suceder,
resultara muy penoso.

Disfrutaba de la noche,
del reír de los invitados
conversando, animados,
al descender de sus coches.

Las flores lucían con calma
sus corolas de mil colores,
dejando rastros de olores,
que endulzaban el alma.

El aire era perfume de cera,
de velones prendidos,
y candelabros pulidos
ornando, sobrios, la escena:

Salas llenas de melodías
donde se bailaban valses
y armonizaban compases
de enardecida algarabía.

Y, de alguna otra manera,
había estancias secretas
despachos y bibliotecas
con sofás y rinconeras,

Los jóvenes a sus damas
hacían gracias cumplidas,
que envolvían, sugeridas,
proposiciones de cama.

Las doncellas atrevidas,
holgaban bien sus vestidos,
e iban extinguiendo cirios,
para citarse a escondidas.

Los más seniles, discretos,
requebraban a las mamás,
con esperanzas lejanas
de obtener algo en concreto.

Danzaban muy animados
disimulando lumbalgias
con aromas de nostalgias
en pañuelos desplegados.

En un rincón muy recóndito,
del jardín de aquel palacio,
la música colmaba espacios
de un dulzón tono romántico.

Dentro de aquellos porches,
donde paseaban gentes,
las parejas, impacientes,
se aprestaban al trasnoche.

Con el ritmo de las horas,
la ocasión había llegado.
Para el amar apasionado,
ninguno espera a la aurora.

Era la ocasión propicia
de aventurar situaciones,
deslizando insinuaciones
en tus oídos de novicia.

Por huir de las farolas,
donde llegamos contentos,
había una hilera de asientos.
que ahora estaban a solas.

Que siempre los enamorados
buscan aquellos retiros
que disimulan suspiros,
evitando el ser observados.

Y ocultan estremecimientos
de las manos ardorosas
agitándose, nerviosas,
cuando indagan en lo incierto.

Los amantes se impacientan,
y con los besos devoran
lo que de palabras restan,
cuando sus bocas se encuentran.

Establecido el concierto,
hay frufrúes de sedas,
y un retirarse de telas
apartadas de los cuerpos.

Tenía los ojos entornados,
los rostros entre penumbras,
con tu figura en las sombras,
bajo aquel pórtico callado.

Con mirar interrogante,
en tu rostro arrebolado,
el seno tan pronunciado
se me ofrecía, turgente.

Luego un beso insistente,
en bocados de ternura,
tomaron la carne pura,
tatuando la piel ardiente.

Eras flor tan fina y delicada,
que no deseé dañarte
y renuncié a mi parte
del placer que en ti buscaba.

Eso lo sabes bien de sobra:
Hay que prevenir el destino
al tomar cualquier camino,
en pensamientos y en obra.

Por eso les cerré la puerta
a mis anhelos profundos,
que conforman el mundo
amplio de mi mente abierta.

Contuve mi apetencia
con los labios apretados,
anudando lo desatado
en favor de la conciencia

Pero, si por mí hubiera sido,
despojado de guantes,
y de mi formal talante,
en ti me hubiera perdido.

Mis manos, como goleta
que jugara con las olas,
hubieran navegado solas
sobre tu espalda perfecta.

Enlazándote la cintura,
zarpando para retozar
sobre tu nacarado mar,
surcando tu grácil figura.

Transgredido las fronteras
donde se ciñen tersuras
y comienza la hermosura
geométrica, de las esferas.

Hallaría el camino propicio
para derramar mi fuerza
en la tibia carne abierta,
arrojándome al precipicio.

Era demasiada la emoción
y tensión en la entrega
del ánimo, en la brega
con mi enardecido corazón.

Y te rogué que saliéramos
donde nos diera el aire,
por mantener el donaire
y no nos arrepintiéramos.

"Volvamos al baile puro
y veámonos a lo lejos;
no nos cieguen los ojos
las pasiones sin futuro."

El aire se hizo más denso,
perdiendo su ligereza
y yo, así, mi entereza,
de remordimientos preso.

Regresamos atrás por senderos
donde, aquellos puros olores,
habían adornado los rubores
que apetecen los caballeros.

Me sentía muy enternecido
por tu presencia sublime,
sin oír diretes ni dimes
de quien hablara, escondido.

Llegados a la festiva algazara
con los demás nos unimos
y, entre miradas y abrazos,
nos sorprendió la madrugada.

Un último mirar a la luna
reveló estar en Menguante.
Dejé en tu mano mi guante
cuando el reloj dio la una.

Te acompañe al carruaje,
que estaba algo escondido,
y, como hubiera querido,
fui, a tu servicio, un paje.

Al cabo, fue otro buen rato,
lo que tardé en decidirme
a saludar a otros, e irme
con todo el posible recato.

Busqué en la lista tu nombre
y ya habías desaparecido.
Si es que hubieras salido
no era tema que me asombre.

Los reflejos de luz, titilantes,
sobrenadaban los charcos,
como luminarias de barcos
cursando señales fulgurantes.

Fingí con un gesto austero
irme, ahuecando el ala,
abandonando la sala
donde, cada noche, espero.

Y en afán de hacerte desagravio
- pensé que estabas huida-,
uniéndote a la despedida
de excusas, te envié un rosario.

Si el retorno fue solitario,
después de verte partir,
supuse que el devenir
podría ser un calvario.

Así que reflexioné, despacio
mientras iba cancelando
mi caminar, meditando,
cómo encontraría tu espacio.

En la noche, las farolas
solo son puntos brillantes
donde algunos paseantes
replican algunos ¡holas!

Siempre termino soñando
lo que no alcanzo despierto,
vagabundeando un desierto
que nunca acabo cruzando.

Quizá, lo que nos perdimos,
por exceso de pudor,
lo ganamos en honor,
guardando lo que pudimos.

Lo que pienso, siendo honesto,
es que no puedo pretender
que con lo que sueño tener,
los demás, llenen mi cesto.

Dando rumbo a mi cabeza,
y sin sentirme ya herido,
si te hubiera conseguido,
habría acabado la sutileza.

Te encontré entre desplantes
de felicidad y alegres risas;
y así quisiera, ya sin prisas
volver a retomar mis guantes.

Mis manos están desnudas,
mi boca está sin palabras.
Solo quiero que me abras,
queridas esperanzas mudas.


Rimbaud