PRESENCIA ( Rimbaud - 02.11.06)
Tengo que decirlo:
me ha sorprendido
su dulce presencia,
y una faz de niebla.
Fue en el momento
de aquella llamada,
quizá precipitada,
extraña; lo siento.
Escuché su risa,
y un tono de voz,
hablando deprisa,
alegre y risueño.
Le hice declarar
cómo es su mirar
color caramelo;
y el tono del pelo.
Antes fue oscuro,
de azabache puro;
y, en estos años,
de tonos castaños.
Es, creo, esbelta,
y un poco miope;
aguzan sus ojos
cristales y alambre.
Y también el mimo
con que bien escribe
y todo lo que vive;
eso,... lo adivino.
Cuando despierta,
se da una vuelta
- así lo defino -,
al cuarto vecino.
Se lía en la cabeza
un moño arreglado,
que siempre sujeta
un pasador de palo.
Mientras desayuna
lee algún poema;
en libros prestados,
escritos sin pluma.
Y luego, a la faena,
en la gran ciudad;
ausente de caridad,
y carente de pena.
La leo en la noche,
entre compañeras,
haciendo derroche
de buenas maneras.
Pone algún escrito;
hace un comentario;
y aplaude lo visto
en plan solidario.
Solo sé de ella
que, hoy, está sola
y que - intuyo-,
vive de lo suyo.
Lo que conviene,
ella lo mantiene
entre sus secretos,
celados de velos.
Deseo que sepa,
que cuente conmigo
- su ignorado amigo -,
para lo que sea.
Rimbaud.

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