EL RELOJ ( Rimbaud (07.11.06)
Canta el exacto gallo japonés, cada mañana,
reclamando mi presencia en su eterno desvelo,
exigiendo una última mirada y la primera caricia,
urgiéndome a escuchar, sin protestas, el tintineo
y compás del pequeño carillón con que se anuncia
Aquí está, latiendo con mis pulsaciones,
prendido firme a mi muñeca izquierda,
abrazado con una correa de cuero oscuro,
sujeto con un prieto broche enhebrado,
apresando el afán de mis brazos nerviosos.
Aquí está, su esfera de color azul de noche,
con las agujas rodeando el círculo del tiempo,
en torno a la estrella polar del calendario,
calculando impasible el tránsito de los días,
dando referencia y medida de mi existencia.
No sé si habrá otra cosa tantas veces a mi lado,
con años de confidencias y miradas de reojo,
observando el caminar de sus manecillas,
recitando el verso dorado de los segundos,
mientras hace correr, o pausar, mis prisas.
Por las noches, ocupa un lugar en mi reposo
entre la ropa abandonada, los zapatos alejados;
al lado de los libros, de las gafas y de mi gato.
Luciérnaga incansable, brillando en la oscuridad,
preparado para recordarme el despertar del alba.
En las noches invernales, suele dormir conmigo,
dejando reposar su latir vigilante sobre la almohada,
abrigándose con la misma tela que mi cuerpo quieto.
Amante indiferente, de movimientos desapasionados,
que reposa su carne fría, de metal, junto a la mía.
Ahora, me señala la precisa hora de ausentarnos,
que es tarde, y llega el momento de cerrar por hoy
esta ventana blanca, donde escribo mis locuras,
Hay una mesa y un plato puesto, que me espera
y alguien, impaciente, trajinando entre pucheras.
Rimbaud
reclamando mi presencia en su eterno desvelo,
exigiendo una última mirada y la primera caricia,
urgiéndome a escuchar, sin protestas, el tintineo
y compás del pequeño carillón con que se anuncia
Aquí está, latiendo con mis pulsaciones,
prendido firme a mi muñeca izquierda,
abrazado con una correa de cuero oscuro,
sujeto con un prieto broche enhebrado,
apresando el afán de mis brazos nerviosos.
Aquí está, su esfera de color azul de noche,
con las agujas rodeando el círculo del tiempo,
en torno a la estrella polar del calendario,
calculando impasible el tránsito de los días,
dando referencia y medida de mi existencia.
No sé si habrá otra cosa tantas veces a mi lado,
con años de confidencias y miradas de reojo,
observando el caminar de sus manecillas,
recitando el verso dorado de los segundos,
mientras hace correr, o pausar, mis prisas.
Por las noches, ocupa un lugar en mi reposo
entre la ropa abandonada, los zapatos alejados;
al lado de los libros, de las gafas y de mi gato.
Luciérnaga incansable, brillando en la oscuridad,
preparado para recordarme el despertar del alba.
En las noches invernales, suele dormir conmigo,
dejando reposar su latir vigilante sobre la almohada,
abrigándose con la misma tela que mi cuerpo quieto.
Amante indiferente, de movimientos desapasionados,
que reposa su carne fría, de metal, junto a la mía.
Ahora, me señala la precisa hora de ausentarnos,
que es tarde, y llega el momento de cerrar por hoy
esta ventana blanca, donde escribo mis locuras,
Hay una mesa y un plato puesto, que me espera
y alguien, impaciente, trajinando entre pucheras.
Rimbaud

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